La comunicación no verbal en la enfermedad de alzheimer

Los síntomas de la enfermedad de Alzheimer se pueden agrupar en tres esferas: cognitiva, conductual y funcional. Desde el punto de vista cognitivo el síntoma inicial más frecuente es la pérdida de memoria, con olvidos frecuentes de citas o hechos recientes. La memoria reciente (episódica) suele ser la más afectada inicialmente, mientras que la memoria a largo plazo (semántica) se conserva hasta estadíos más avanzados.

Posteriormente aparecen otros síntomas como dificultad para orientarse en lugares familiares, dificultad para leer y escribir o para reconocer caras familiares, lo cual repercute en las actividades del día a día: el manejo de dinero, o el uso de instrumentos cotidianos como un teléfono o una lavadora. Estos síntomas reflejan la afectación de otros dominios cognitivos como orientación, praxis, lenguaje y gnosis. Por tanto, si bien el dominio del lenguaje puede sufrir cierta alteración desde fases tempranas de la enfermedad, la comunicación verbal puede mantenerse hasta fases más avanzadas. 

Una experiencia común de los profesionales, que tenemos la posibilidad de asistir a estos pacientes y sus familiares, es escuchar, en fases muy avanzadas de la enfermedad, como las familias nos trasmiten que el enfermo les comprende: "mire Dr. X ya no habla, pero le podemos asegurar que entiende perfectamente lo que le decimos".

He asistido asimismo en numerosas ocasiones a la replica de algunos médicos en formación que, movilizados por el racionalismo imperante, y tras haber explorado el dominio del lenguaje, responden: "señora, le parecerá que entiende, pero como puede comprobar, su lenguaje está sumamente dañado".

Ante esta situación durante muchos años, me pregunté quien tenía razón. Sólo con el paso de los años, y tras asistir a miles de pacientes y familias, comprendí que ambos tenían su parte de razón, y que si bien la racionalidad y la afectación cerebral por el proceso evolutivo de la enfermedad indican que la comunicación verbal está sumamente dificultada, la afectividad vinculante entre seres queridos puede sin duda permitir que se produzca una comunicación no verbal.

Por comunicación no verbal, no me refiero a la comunicación basada en lenguaje escritos, dibujos o gestos, me refiero a la comunicación intima que nace entre dos personas a través del "silencio", de la simple presencia, de la mirada o de la expresión facial. Es difícil conocer cual es el sustrato anatómico que permite la comunicación no verbal; en mi opinión probablemente se sitúa en el sistema límbico del hemisferio derecho, pero lo que puedo asegurar es que se mantiene hasta fases muy avanzadas de la enfermedad y que el sustrato psicológico es el afecto y la unión entre esas personas.

Pese a las alteraciones del lenguaje al comienzo, la comunicación verbal puede mantenerse hasta fases más avanzadas.

En esa fase avanzada, pese a que algunos pacientes no pueden verbalizar ni una palabra, son capaces a través de la mirada de reconocer e incluso "saludar" a ese ser querido que viene a visitarlo cada tarde; son asimismo capaces de mostrarse vivos, de mostrar su satisfacción o de manifestar su tristeza. Por todo ello, cada vez que una familia nos asegura que su familiar "comprende" lejos de dudarlo debemos potenciar y ayudar a que mantengan esa comunicación (no verbal) lo máximo posible, pues en ella reside la nutrición que permite al paciente sentirse vivo y al familiar sentirlo vivo.

En la tradición japonesa, los maestros zen trasmiten la sabiduría a sus discípulos "I shin, den shin" de corazón a corazón, de mi espíritu a tu espíritu. Quizás en este sentido, todos los pacientes y aquellos familiares que son capaces de comunicarse a través del "corazón" del lenguaje no verbal están pletóricos y llenos de vida. Seamos pues siempre capaces de trasmitir a las personas, pacientes y familias, que debemos cuidar, lo más profundo de nuestro corazón, pues quizás pueda resultar tan beneficioso como muchas de las terapias farmacológicas y no farmacológicas que prescribimos con nuestra racionalidad.

Dr. José L. Molinuevo, de la Unidad de Alzheimer y otros trastornos cognitivos, del Hospital Clinic i Universitari de Barcelona.