Oír y escuchar música, como terapia del recuerdo

La música está en todas las partes, todo suena a nuestro alrededor, pero sería conveniente aprender a valorar en su justa medida su enorme importancia como terapia del recuerdo a través de su utilización controlada. Por ejemplo, con personas mayores con algunos problemas de atención, pérdida de memoria, etc. El valor de la música como terapia o herramienta directa para el recuerdo, y sus prolegómenos más básicos, serán el motivo principal de nuestra aportación en estas próximas líneas. Así que sin más preámbulo nos adentramos en el tema.

OÍR Y ESCUCHAR: PARA ENTENDER Y COMPRENDER

Uno de los mayores tesoros con los que cuenta el hombre es su posibilidad de oír. Conjuntamente con la vista y el tacto, la persona toma contacto con su realidad más inmediata, y a partir de ahí comienza a disfrutar y aprender de las enormes fuentes de información sonoras que le rodean. A través del oído y la palabra, puede comunicarse con el otro, con su entorno más cercano, y también aproximarse a otros espacios sonoros muy diferentes a los suyos, siempre a través de sonidos y músicas de culturas muy diversas.

Hoy las fronteras han desaparecido y la enorme riqueza sonora que nos invade, en algunas ocasiones llegando hasta la saturación, puede invadir nuestro propio espacio personal, social, cultural, etc. Por esta razón entre otras, quizá deberíamos hacer una pequeña parada en este punto importante, analizando hechos tan naturales y cotidianos como si oír es igual que escuchar, y si ambos términos nos ayudan de forma similar a entender y comprender lo que escuchamos. Como veremos a continuación, no todas las personas escuchamos de la misma manera, ni nuestra actitud ante la escucha es igual en todos los casos, ni en todas las horas del día, ni a todas las edades. Por lo tanto, para lograr una mejor comprensión de lo que queremos decir, a continuación presentamos algunas de las diferencias y cualidades que deben existir siempre que queramos realizar una escucha atenta y consciente. Así conocemos que:

  • Oír es percibir con el oído. Por oposición a escuchar, que corresponde a una actitud más activa. Lo que oigo es lo que me es dado en la percepción.
  • Escuchar de forma atenta y consciente implica prestar oído, interesarse por lo que se dice y/o suena. Por lo tanto es un acto de compromiso activo hacia algo que se describe a través de un sonido.
  • Entender lo que oigo, conservando el sentido etimológico, quiere decir "tener intención". Así pues, lo que entiendo, lo que se me manifiesta está en función de la intención.
  • Comprender, significa tomar consigo mismo. Tiene una doble relación con el escuchar y entender, "Yo comprendo lo que escucho gracias a que he decidido atender".

Estamos convencidos, que son pocas las personas que desarrollan este proceso de manera natural y lógica. Más bien es la costumbre o la propia inercia la que les acerca al acto natural de escuchar, aunque no siempre estén comprendiendo adecuadamente el discurso sonoro. Si esto es así en personas consideradas como sanas, sin problemas aparentes, esta situación llega a "dispararse" en aquellas personas a las que queremos ayudar porque padecen una serie de desajustes neuronales importantes.

No obstante, no podemos ni queremos olvidar aquí, que la música ha demostrado en infinidad de investigaciones y trabajos clínicos su enorme poder de transformación en personas con enfermedades como el Alzheimer, Parkinson, etc., ya que les puede ayudar a superar los muchos cambios de humor e incluso de personalidad, de ansiedad y agitación, etc., que en ocasiones acompañan a estas terribles enfermedades.

TIPOS DE AUDICIÓN: LA ESCUCHA ATENTA Y CONSCIENTE

Conocer el proceso presentado anteriormente, nos ayudará a desarrollar mejor la escucha atenta, consciente y comprometida de la que venimos hablando. Así pues, nos gustaría presentar algunos de los modelos de audición existentes más comunes. Por ejemplo:

  • La AUDICIÓN INCONSCIENTE, es aquella en la que ni tan siquiera somos capaces de percibir su existencia. En este caso, prácticamente nadie se da cuenta de que la música está ahí, de que algo suena a su alrededor. Dicen algunos expertos, que este tipo de audición cumple una finalidad muy concreta, y que no suele ser captada por el oyente de forma consciente. Esto solo es una verdad a medias. Para ser más exactos habría que decir que, no es captada por un amplio sector de la población, pero se hace presencia muy molesta para aquellos otros que sí saben estar en alerta sonora y reconocer lo que sucede a su alrededor. Habitualmente, como veremos más adelante, las personas que tienen esta habilidad buscan de una manera más personal el determinado momento para escuchar música. Un ejemplo muy claro de escucha inconsciente, lo podemos encontrar en el caso de la llamada música ambiental que aparece en los centros comerciales, grandes extensiones y almacenes, comercios especializados, en algunas consultas médicas, en restaurantes y medios de locomoción como trenes, metros, etc.
  • La AUDICIÓN ASOCIADA, es aquella que escuchamos unas veces más comprometidamente que otras, y que se nos presenta acompañada de otro tipo de estímulo de enorme fuerza. Por ejemplo la música en el cine, el teatro, la tv, etc. Aunque podamos parecer muy recurrentes en nuestras afirmaciones, tampoco es totalmente cierto que este tipo de situaciones se pueda generalizar. De nuevo es un determinado tipo de persona la que no es capaz de asumir de forma consciente y comprometida lo que está acompañando sonoramente a unas bellas y determinadas imágenes en la pantalla. De hecho, hemos comprobado, que a la salida de un cine solo un grupo minoritario de espectadores puede hablar con cierta propiedad de la parte sonora de la película. Algunos no se han dado ni cuenta de su existencia. A pesar de esto, cada vez es más frecuente premiar y hablar del éxito de una determinada banda sonora en una película, la valoración de unos determinados intérpretes y músicos acompañantes en una obra de teatro, espectáculo visual, etc.
  • La AUDICIÓN SENSITIVA O CONSCIENTE es aquella en la que el oyente es capaz de sentir una satisfacción plena, y disfrutar de todas las sensaciones y emociones que la música le va proporcionando. Para que este tipo de audición exista, debe de haber cierto nivel de compromiso por parte del oyente, no un compromiso analítico, pero si tiene que ser consciente del deseo de oír, de escuchar y aprecia lo que suena, dejándose llevar por la riqueza del mensaje sonoro que le envuelve. En este apartado incluiríamos a nuestros queridos enfermos de Alzheimer y demencias neurodegenerativas similares. No son capaces de saber donde están, ni reconocer quienes son, pero pueden emocionarse ante la escucha de un determinado fragmento musical que por el arte mágico del sonido les retrotrae a momentos felices de su vida pasada, de esa vida que no son capaces de reconocer de otra manera.
  • Finalmente la AUDICIÓN MUSICAL en su más estricto concepto, es aquella que nos acerca totalmente al análisis musical de cada uno de los diferentes momentos por los que la música va transcurriendo. Desde la acción analítica y consciente de una audición musical se puede reconocer el ritmo y hacer una valoración dentro de un determinado compás, además se pueden reconocer los cambios tonales y las modulaciones por los que una obra o fragmento musical puede ir pasando. También se valora la interpretación de los ejecutantes en todos los campos, el director de la orquesta, la propia orquesta, los solistas (si los hubiere), las cualidades expresivas y emocionales del efecto causado por esta obra determinada, etc. Este tipo de audición, generalmente la desarrollan las personas que tienen una formación musical amplia, como por ejemplo, los músicos en general, expertos dedicados a la crítica en revistas especializadas, y un amplio número de aficionados con suficientes conocimientos musicales. 

OYENTES PASIVOS Y ACTIVOS

Después de presentar los diferentes tipos de audición existentes, queremos ofrecer dos de las figuras sociales más habituales en el mundo de lo sonoro, y que pueden ser producto generado por todo lo anterior. Estos dos perfiles, de los que seguramente podría derivar alguno más, pueden servirnos de modelo y orientación en nuestro comportamiento futuro a la hora de realizar una escucha atenta y consciente. Las dos figuras nos ofrecen un decálogo de actitudes que los diferencia entre sí de manera sustancial, y los convierte de forma clara en lo que conocemos como: OYENTES PASIVOS y OYENTES ACTIVOS. Pero ¿qué son y cómo son cada uno de ellos?

EL OYENTE PASIVO

Es muy posible que en muchos momentos de nuestra vida cotidiana, todos o algunos hayamos pasado alguna vez por situaciones parecidas a las que describiremos en las próximas líneas con el fin de definir el perfil del llamado OYENTE PASIVO. Precisamente el objetivo de esta descripción va encaminada a que seamos capaces de reconocer este tipo de actitud y, como consecuencia, podamos cambiar a tiempo y adecuadamente nuestros gustos y comportamientos auditivos más habituales.
Así pues, el perfil del OYENTE PASIVO lo representa aquella persona que habitualmente responde a los patrones siguientes:

  • Suele hacer una apreciación muy superficial de lo que supuestamente dice que escucha.
  • No suele ser muy capaz de defender sus gustos musicales, más bien se deja orientar por las revistas y listas del hip parade del momento.
  • Generalmente nunca ha asistido a un espectáculo musical en vivo, y si lo ha hecho, es incapaz de recordar momentos sonoros especiales.
  • No muestra mucho interés por hacer un análisis y valoración personal de lo que dice estar escuchando.
  • Su formación musical suele ser poca o inexistente.
  • Es de los que opina y practica el difícil arte de escuchar música mientras estudia.
  • Dentro de la actividad anterior, procura escuchar ritmos generalmente muy machacones, que le permiten afirmar "que la música le acompaña".
  • Tiene dificultades importantes, o sencillamente no puede percibir con cierta sensibilidad y precisión los momentos de emoción y expresión de una pieza musical.
  • Es rutinario y poco exquisito en el momento de comprar o realizar la selección de un repertorio musical personal.
  • Puede entrar en un restaurante o lugar de ocio y ser incapaz de percibir o hacerse consciente de la existencia de una música ambiental o determinado fragmento musical, ya que la presencia sonora de ésta, le pasa totalmente desapercibida, etc.


 

No podemos olvidar, que lo último que pierde el enfermo de Alzheimer es su vida afectiva.

OYENTE ACTIVO

El caso del OYENTE ACTIVO responde plenamente a lo que sería objetivo prioritario de cualquier administración educativa y cultural, inteligente y preocupada por la educación y el conocimiento de sus ciudadanos, lo que ya de partida nos dificulta enormemente su total existencia, pero esta realidad, no debe hacernos perder la ilusión y el deseo de que en el futuro, las administraciones públicas comprometidas en estos asuntos sean capaces de ofrecernos la oportunidad de contar con este tipo de ciudadano y, como consecuencia, con la posibilidad de lograr una sociedad más culta y feliz. Por lo tanto, queremos aprovechar estas líneas y presentar en ellas el decálogo de lo que entendemos como es perfil del oyente activo.
Como contraste con el ejemplo anterior, el decálogo del perfil de nuestro OYENTE ACTIVO cumpliría satisfactoriamente nuestros más profundos deseos culturales, sociales, educativos, etc., ya que respondería mucho más a la persona ideal que deseamos. Seguramente existe un modelo de ciudadano muy cercano al que aquí se presenta, y esto nos proporciona una enorme satisfacción. En cualquier caso, siempre tendremos que diferenciar entre el AFICIONADO y/o el ENTENDIDO, asunto que queda reflejado en nuestro perfil, y responde a alguien que:

  • Procede de un modelo familiar que ha sabido respetar la independencia y capacidad de elección de sus hijos en decisiones importantes de su vida, también en las referidas a sus actividades culturales, sociales, deportivas, etc., sin perder por ello sus derechos a educar como padres.
  • Es una persona que busca momentos especiales para "escuchar/oír" de forma consciente y comprometida, bien en su casa o en un determinado tipo de local, sala de conciertos, etc., según cada caso.
  • Seguramente toca algún instrumento musical, bien por afición y/o por formación académica, aunque ésta no sea excesiva.
  • Disfruta de pequeños o grandes espectáculos artísticos y musicales.
  • Entre sus aficiones más habituales se encuentra la asistencia a diferentes tipos de actividades artísticas, entre las que se encuentra la plástica, la literatura y el teatro, la música de diferentes géneros y culturas, etc.
  • En más de una ocasión ha asistido a un espectáculo musical en vivo, y sus conocimientos musicales le han permitido hacer una valoración sobre la calidad interpretativa y sonora del espectáculo.
  • Si piensa asistir a un concierto, seguramente, y si conoce con antelación el programa previsto para ese día, escuchará anticipadamente en su casa parte o la totalidad de las obras previstas en el concierto.
  • Quizá no disponga de la formación musical suficiente como para realizar una valoración y análisis técnico de lo que escucha, pero tendrá la sensibilidad suficiente como para "percibir" que algo no ha sonado del todo bien, o por el contrario, todo le ha hecho disfrutar extraordinariamente.
  • Está convencido de que la educación musical desde edades muy tempranas favorece el desarrollo integral del hombre.
  • Tiene una permanente necesidad de aprender y actualizarse en aquello que practica con el fin de disfrutar al máximo de la actividad, dando lo mejor de sí mismo, etc.

En cualquier caso, el modelo o perfil del oyente que necesita y desea cualquier país que se precie de ser culto y sensible, no se consigue "de la noche a la mañana". Adentrarnos profundamente en la búsqueda de soluciones a este problema evidente, nos distanciaría sustancialmente del tema que aquí nos ocupa, así que habrá que dejarlo para otro momento y espacio dedicado especialmente a la solución de estos problemas, no obstante queremos señalar que, en ambos modelos podríamos encontrar personas que hoy sufren y padecen las terribles enfermedades del olvido. Este tipo de conocimientos o la falta de ellos, también afecta y se nota en nuestro trabajo con música y pacientes con enfermedades como las ya mencionadas anteriormente, pero todas estas pequeñas trabas pueden superarse gracias a la enorme fuerza y poder ejercido por la música en un trabajo de este tipo. 

LA MÚSICA COMO TERAPIA DEL RECUERDO: SU UTILIZACIÓN CON PERSONAS ENFERMAS DE ALZHEIMER Y OTRAS DEMENCIAS.

La universalidad del sonido convertido en ese hecho creativo más sofisticado que todos conocemos como música, se convierte en un lenguaje de expresión y comunicación indiscutible, permitiéndonos manifestar y compartir con otros sentimientos y emociones profundas de nuestra personalidad. En el caso de las enfermedades como el Alzheimer y otras similares, muy dañadas. A veces una canción, una pequeña melodía o un simple ritmo musical, les traslada al pasado o les trae al presenta mediante un grato recuerdo. Esta emoción tan sencilla y reconocible por todos, puede ayudar a los enfermos de Alzheimer y a otros de manera muy especial. La música como terapia del recuerdo, como instrumento para guiar y ejercitar la mente, es una de nuestras mejores herramientas de trabajo.

A pesar de que la enfermedad de Alzheimer es irreversible, la música y muchas de las diversas técnicas utilizadas en el tratamiento con este tipo de enfermedades, les ayuda a reaccionar de manera muy directa ya que tiene un enorme potencial terapéutico. No podemos olvidar, que lo último que pierde el enfermo de Alzheimer es su vida afectiva. Así, el sonido dulce de una flauta de pico, el tono de voz del terapeuta, la manera delicada de cogerles la manos o ayudarles a moverse mientras la música suena, tiene una importancia muy destacada entre este tipo de enfermos, aunque éstos tengan muy mermadas todas sus facultades.


Fue el Dr. Andrus (1955), quien al referirse a la música como terapia fundamental de apoyo en el trabajo con personas mayores señalaba que: "La música era ideal para el tratamiento de los pacientes geriátricos y con problemas de demencia, a causa de la gratificación y la sociabilidad que puede derivarse de la experiencia creativa. El estímulo verbal del ritmo simple es muy efectivo con pacientes en quienes ha disminuido la relación con la realidad". Este importante comentario apoya de manera firme una de las ideas sobre las que fundamentamos buena parte de nuestra terapia con música, y es la referida "al trabajo específico del ritmo con estos enfermos, ya que desencadena en el paciente de Alzheimer procesos psicomotrices, que de alguna forma van a influir especialmente en los sentimientos, emociones y afectos de muchos de ellos, sino de todos" (Lago 2007)

La última fase de la enfermedad de Alzheimer nos presenta a un enfermo con gran pasividad física y psíquica, ya que no es capaz de gesticular y trasmitir mensajes verbales, no comprende muchas de las cosas que están pasando a su alrededor, pero como ya hemos comentado anteriormente, y se ha demostrado en diferentes investigaciones y casos clínicos, es capaz de "sentir y vibrar" ante la gran capacidad expresiva y comunicativa de la música, que como sabemos, es una de las mejores terapias del recuerdo, proceso que se desarrolla a lo largo de toda la vida. Aprovechemos este potencial indiscutible hasta el último de los latidos del enfermo, él nos lo sabrá agradecer de formas muy distintas, estamos fervientemente convencidos de ello.

BIBLIOGRAFÍA

  • ANDRUS (1955) La Musicoterapia en personas mayores. En Gaston, Th. y col. "Tratado de Musicoterapia" (1968) Buenos Aires. Paidos.
  • COPLAN, A. (1994): Cómo escuchar la música. México. Fondo de Cultura Económica.
  • HÜNZEL-HANSE, M. (1981): Educación musical precoz y estimulación auditiva. Barcelona. Médica y Técnica S.A.
  • LAGO CASTRO, P y otros (1999): Música y salud: introducción a la musicoterapia. Madrid. UNED.
  • LAGO CASTRO, P. (1999): ¡Más silencio por favor!. Cap. 6. pp 164-189. En Segura, C. y Marquina, A. Hacia la no violencia: una cuestión de educación. Madrid. Sanz y Torres.
  • LAGO CASTRO, P (2002): Ruido, música y violencia sonora. En las Primeras Jornadas de Educación y No Violencia. Madrid. Instituto Gutiérrez Mellado UNED.
  • LAGO CASTRO, P. (2002): De los pies a la cabeza pasando por el corazón: Música y Alzheimer. Madrid, CEMAV-UNED.
  • LAGO CASTRO, P (2004): Ópera Abierta: El arte de escuchar Música. Madrid. Sanz y Torres

Pilar Lago es Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesora titular de Didáctica de la Música y experta en Musicoterapia en el Departamento de Didáctica, Organización Escolar y DDEE de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Madrid.