Una sociedad envejecida

La expectativa de vida aumentó de modo impresionante a lo largo del pasado siglo. Y no tiene pinta de parar; al contrario, se estima que para el 2050 se incremente en otros 10 años y se sitúe cerca de los 90 años. Es importante señalar que este fabuloso incremento afecta a la expectativa de vida media pero no al tiempo máximo de vida. Es decir, más gente vive más pero nadie (o casi nadie) supera los 120 años. Esta barrera podría romperse en los próximos decenios gracias a las investigaciones con células madre y al mejor conocimiento de los procesos responsables de la muerte de las células en los que los telómeros y las siurturinas tienen mucho que ver. Esta visión no es compartida por todo el mundo y un reciente estudio indica que nunca será posible vivir más allá de los 120 años. Sea como fuere, y a efectos de esta breve reflexión, lo que interesa es destacar que cada vez va a haber más personas mayores en nuestra sociedad y esto puede tener una serie de consecuencias que conviene ir conociendo y afrontando. Imaginemos....

Al ser más numerosos día a día, los ciudadanos mayores de 65 años tendrán una influencia política decisiva. Se harán muy familiares términos como jubilación, Alzheimer, pensiones, golf, botox o Viagra. Más de un 30% de personas mayores de 65 años continúan trabajando y más lo harán en el futuro. Esto supondrá una alteración importante de la actual dinámica personal: la secuencia adolescencia-juventud-estudios-trabajo se retrasará unos cuantos años. Algunos psicólogos dicen que la adolescencia finalizará hacia los 35 años. Muchos de estos eternos adolescentes quizás ya hayan nacido. Las técnicas de reproducción asistida posibilitarán (ya lo hacen) tener hijos a los 70 años. Los mayores de 65 años podrán tener a sus padres o abuelos viviendo en sus casas. Los ancianos ricos serán cada vez más ricos y los jóvenes pobres cada vez más pobres. El resultado será una sociedad tripartita con los muy ancianos y muy ricos en la cumbre con acceso a todas las posibilidades técnicas de alargamiento de la vida, una masa de población intermedia y los jóvenes pobres y no influyentes en la base. Una novela de Bruce Sterling nos sitúa en un mundo similar.

No se trata de ser alarmista pero este escenario, que parece el germen ideal para la lucha de clases en la era biotecnológica, no es descabellado. Se trata de ir pensando en cómo adaptarse a esta realidad que ya está empezando a verse. Quizás sea conveniente comenzar a desarrollar políticas de adaptación paulatina y no traumática.

Jóvenes experimentados

En este sentido, es interesante reflexionar sobre la edad ideal para dejar de trabajar. Me dirán que depende de la profesión, de los requerimientos físicos y mentales. De acuerdo, pero ¿no es cierto que las personas maduras rinden menos en el trabajo? Sorpréndase: en algunas tareas son mucho mejores que los jóvenes. A pesar de esto, en muchas actividades tiende a arrinconarse a las personas de más edad. Se argumenta que son lentos, olvidadizos y poco flexibles. Este error común se basa en la convicción de que toda persona que envejece desarrolla deficiencias, cuando lo cierto es que sólo algunos procesos cerebrales se ven afectados. El cerebro de una persona mayor se reestructura. Unos circuitos se hacen más activos para compensar la menor actividad de otros. Los mayores utilizan circuitos diferentes a los empleados por los jóvenes para realizar una tarea.

La experiencia tiene una serie de ventajas. Con la madurez predomina la inteligencia cristalizada que abarca el conocimiento general, un léxico pertinente y la capacitación social. Sin embargo, nuestro entorno laboral premia la flexibilidad y la rapidez porque el trabajo se basa en tareas que requieren alternancia y continuos ajustes de la atención. Y en esto los jóvenes tienen ventaja porque su inteligencia es más fluida, menos consolidada. Muchos experimentos neurofisiológicos han puesto de manifiesto que los mayores tardan más en reaccionar a estímulos pero cometen menos errores. Su cerebro es más lento pero más seguro. Esto se debe a que el cerebro es consciente de sus problemas y se prepara con más fuerza y antelación para compensarlos. ¿Qué significa esto en la actividad laboral? Las tareas que requieren frecuentes tomas de decisiones sin distracciones (por ejemplo, control de calidad) pueden beneficiarse de una menor tasa de errores y podrían ser las idóneas para las personas maduras. Estudiar la actividad cerebral puede ayudar a determinar la configuración ideal de los puestos de trabajo.

La edad de jubilación es un asunto que salta a la prensa de manera recurrente. Casi siempre con "amenazas" sobre un retraso en la misma. Esta vez parece que se va a primar el retraso. El límite de los 65 años tiene su origen en Bismarck quien lo fijó para evitar pagar a los soldados veteranos de guerra prusianos (en aquella época casi nadie llegaba a esa edad). Hoy en día se interpreta como un logro social. Sin duda lo es. ¿Qué se debe hacer?

Mantengan la curiosidad y el deseo de conocer y aprender, es un buen antídoto para el alzheimer

Curiosidad

Para que llegar a ser un "joven experimentado" (¡me gusta este eufemismo!) con capacidades útiles para la sociedad, es esencial mantener una actitud vital llena de curiosidad. La curiosidad, junto al querer saber por el mero hecho de querer saber, es el motor de la ciencia. Esta curiosidad por comprender el porqué de las cosas y este ansia por acumular conocimiento por nada son características típicas del ser humano. Me atrevería a decir que exclusivas, aunque seguro que en algún recóndito bosque subaustral hay algún mamífero que desarrolla conductas similares a estas. Vale...pero nunca de un modo tan intenso ni tan sofisticado.

Decía Azorín que la vejez es la pérdida de la curiosidad. Algunos estudios sociológicos parecen indicar que a medida que vamos sumando años, comenzamos a repetir conductas. Dejamos de oír nuevas músicas, de leer nuevos tipos de literatura, de comer en restaurantes diferentes. Robert Sapolsky un neurólogo y antropólogo americano publicó un artículo haciéndose eco de estos estudios. Para su sorpresa (agradable) recibió muchas cartas de personas mayores diciendo que no compartían esos resultados porque estaban llenos de ganas por descubrir cosas nuevas. Es cierto, en la actualidad hay personas jubiladas con una vitalidad física e intelectual enormes. ¡Aprovéchenlas al máximo! Mantengan la curiosidad y el deseo de conocer y aprender. Es un buen antídoto contra el alzhéimer, la depresión y otros males de esta sociedad que vive a una velocidad enfebrecida. Bendita curiosidad, que nunca nos falte.

"Los científicos no están interesados en los hechos. Lo que les gusta es la ignorancia. La minan, la comen, la atacan (elija la metáfora que prefiera) y en el proceso continúan descubriendo más ignorancia". Estupenda reflexión de Matt Ridley, un científico prestigioso. El saber popular dice que la ignorancia es la madre de la ciencia. Parece una paradoja: la ciencia como forma de reducir la ignorancia incrementándola. De hecho, desde antiguo se considera que la mejor investigación científica es la que abre otras muchas puertas. Por esta razón, las leyes científicas no son ciertas, son útiles. Esta afirmación puede parecer una herejía intelectual pero es la base para avanzar. Así el número de leyes va creciendo con el avance de la ciencia y la investigación y un día son sustituidas por nuevas leyes. Por eso el saber es infinito. Y en el origen de todo este proceso hay dos cosas: Curiosidad y un "no sé". Einstein dijo "Yo no tengo ninguna cualidad excepcional más que ser apasionadamente curioso". Si tú lo dices....

 

Gurutz Linazasoro. Director del Centro de Investigación Parkinson y CITA.alzheimer. Policlínica Gipuzkoa. Parque Tecnológico de Miramón. San Sebastián.